Cuando ni la música amansa a las fieras

La película 24h Party People relata el auge y decadencia de una de las escenas musicales y creativas más importantes de finales del siglo XX. La escena de Manchester, que consagró a un número importante de bandas de clase trabajadora del norte de inglaterra. Grupos como los Happy Mondays, Joy Division, Stone Roses, Primal Scream, A Certain Ratio, New Order, etc. transformaron el imaginario social y cultural de la ciudad. La película empieza con planos reales de un concierto que dieron los Sex Pistols, el grupo punk londinense por excelencia en una sala de conciertos pública, el Lesser Free Trade Hall, al que tan sólo acudieron 42 personas. Programar ese concierto fue un acto de temeridad (jugársela por un grupo que sube al escenario borracho y se caga en la reina requiere valor) y un fracaso si tenemos en cuenta las entradas vendidas. Sin embargo el concierto fue el detonante para que se formaran muchas de las bandas cuya música aún podemos disfrutar. Casi todos los asistentes acabarían involucrados de una forma u otra en la escena musical de la ciudad. Es lo que tiene la cultura, por lo general no es razonable, no se rige por la razón, sin embargo es afectiva, genera afección. Contagia. Conmueve y por eso, transforma. Predecir las consecuencias que puede tener un actividad cultural requiere de una clarividencia que muchos desearían tener. Por eso tantas cosas salen mal, por eso es tan importante la experimentación cultural.

El crítico cultural marxista Raymond Williams escribió que la cultura genera “estructuras de sentir”, es decir, nos ayuda a dar forma a lo que sentimos de forma colectiva. Produce imaginarios compartidos que nos ayudan a hacernos cargo de la realidad. Transforma lo íntimo en materia común. Por eso existe tanto interés por hacerse con la hegemonía cultural. En hacerse con esa herramienta capaz de transformar el malestar en alegría, la esperanza en rabia, la desilusión en esperanza o la soledad en comunidad. Hay canciones que nos recuerdan al verano perfecto, cuadros que nos conmueven y no sabemos bien porque. Festivales que nos recuerdan a nuestros amigos o películas que nos ayudan a entender conflictos que no hemos logrado resolver. Las estructuras de sentir marcan el tono afectivo de los grupos sociales. Por eso, tomar decisiones en este momento de crisis, en este momento que el tono afectivo general es de bajón, requiere valor. Requiere tacto. Requiere cuidado, pero también requiere determinación. 

Crear recuerdos colectivos, abrir horizontes de esperanza, hacer que esta crisis se viva de una forma un poco menos individual, es un regalo para esta sociedad entristecida, resentida y confinada. Seguro que programar conciertos, abrir espacios de cuidado y transformación, siempre se puede hacer mejor. Pero la cultura de Barcelona no puede estar supeditada a lo que opinen algunas voces que se piensan sector cultural. El interés general siempre ha tenido que asumir que no puede satisfacer a todos los intereses particulares. En este caso, voces que ni representan ni pueden hablar desde cierta colectividad. Se sienten legitimados porque se dedican a la cultura pero los argumentos que presentan suenan a veces muy interesados, a veces incluso un poco snob. Nadie puede saber cómo afectará al público una obra de teatro, una actuación de circo, como nos interpelará una canción. Por eso en cultura, a veces hay que tomar decisiones sin tener todas las certezas, sin contar con todos los datos, tomar decisiones desde el corazón. Arriesgarse a meter la pata, porque haga lo que se haga, para alguien siempre estará mal. 

Si te pudiera mandar un mensaje, Ada, te diría gracias por pensar en nosotros. Gracias por pensar en nuestro bienestar. Por intentar cuidarnos y animarnos. Por hacer lo posible por que no vivamos este encierro en soledad. Por intentar abrir horizontes de deseo y de placer. Y cuando tomes decisiones, te ruego que seas valiente. Que lo hagas desde el corazón. Que recuerdes que hay muchas personas que no viven en las redes. Muchos ciudadanos/as que no soportan meterse en ese lodazal. Que hay mucha gente que sabe cómo deberían hacerse las cosas, pero por lo general sólo se dedican a opinar. En medio de una crisis, no me puedo imaginar a las y los sanitarios ŕenunciando a cuidarnos porque las condiciones para hacerlo no sean las óptimas. Que renunciaran a cuidar de nuestra salud porque las cosas se podían haber hecho mejor. Por eso salimos cada tarde a aplaudir su sentido de la responsabilidad. Creo firmemente que en este momento es importante convertir el resentimiento en alegría. Hay malestares que solo los quita un buen baile, y esta ciudad triste necesita un buen meneo, un poco menos de amargura, un poco más de amor. Creo que en cultura hay algo peor que hacer una cosa mal y recibir críticas por ello, y es dejar de hacer por miedo a quienes te criticarán. Gracias por intentarlo. La próxima vez saldrá mejor.