No cerréis los centros de experimentación cultural

(texto originalmente publicado en eldiario.es)

La articulación institucional de la cultura y su impacto está deviniendo un tema de debate y de creciente interés al calor de los nuevos partidos políticos surgidos tras el 15M y a raíz del descontento social generalizado que impera en el Estado español. El análisis de políticas culturales no es un ejercicio simple, puesto que nos encontramos con términos que cambian de sentido y decisiones cargadas de ambivalencia y contradicciones.

Por ejemplo, en 1997, el recién electo Primer Ministro de Reino Unido Tony Blair puso en manos de Chris Smith la cartera de cultura. Esta decisión levantó muchas suspicacias y Smith ha sido una de las personas más influyentes a la par que controvertidas en lo que a las políticas culturales se refiere. Su programa se centró en el impulso de las llamadas industrias creativas y en reforzar el papel económico de la cultura. Aun así, sabía que estas no podían funcionar si no volvía a poner a las grandes instituciones culturales en un lugar preponderante de la gestión pública de la cultura. Lo hizo recuperando un término arriesgado y contundente en torno al que redefinió el papel de las instituciones culturales: la excelencia.

El político rescató un concepto que estaba ya bastante acartonado y en desuso, para implementarlo como un mecanismo a través del cual las instituciones debían rendir cuentas. Por excelencia se entendía que las instituciones culturales debían programar o mostrar sólo aquellas obras o piezas sobre las que hubiera un consenso en torno a su valía. Sólo se podía exhibir o programar aquello que se había erigido mejor de su categoría o ámbito. Otro cambio importante que introdujo Smith fue el de garantizar el acceso gratuito a todas las grandes colecciones y museos. Por todo esto se consideró que el proyecto de Smith fue transformador y arriesgado ya que juntó dos nociones aparentemente contradictorias: excelencia y acceso. Pero esta fórmula resultó ser ganadora y reconfiguró para siempre las instituciones culturales británicas haciéndolas tan populares como reconocidas internacionalmente por su calidad.

Manifestación en apoyo a La Casa Invisible |  Azael Ferrer

 

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