Comentario sobre el libro “CT o la cultura de la transición”

Aprovechando la tranquilidad del verano y resguardado por la sombra de unos pinos he podido leerme un libro que llevaba ya un par de meses en mi mesita de noche y en el que tenía muchas ganas de meterme. En “CT o la cultura de la transición” se compilan una veintena de artículos con los que se busca dar forma y cuerpo al concepto de la CT, una nueva categoría pensada para analizar la cultura acontecida en el Estado español durante los últimos 35 años, como se apunta en el propio subtítulo. Pese a ser consciente que los textos que integran esta obra son bastante desiguales y apuntan a multitud de problemáticas y direcciones diferentes me apetece compartir algunas dudas que me ha suscitado su lectura.

 
Una de las cosas que más me ha llamado la atención es el uso hiperbólico de la noción de cultura que se hace en el libro. Al hablar de CT se unifican una serie de prácticas y objetos culturales dispares y heterogéneos, que si bien es verdad que acontecen durante los últimos 35 años en el Estado español, son lo suficientemente peculiares como para poner en crisis esta noción unificadora. La CT aparentemente sirve para interpretar y vincular bajo una misma lógica a escenas musicales cómo la movida madrileña, el rock bravú gallego, el rock catalán, el bacalao valenciano o el rock radical vasco así como el indie, el hip-hop, el reggaeton o el pop que alimenta a los Cuarenta Principales, por citar sólo unos ejemplos en el entorno musical. Podríamos realizar este ejercicio en el entorno del arte, teatro, circo, danza, literatura, moda, diseño gráfico, cine, prácticas urbanas, subculturales, etc. y el panorama cultural homogéneo que presenta el libro quedaría seriamente en entredicho. En ocasiones es tan evidente cómo se olvidan ciertos nombres o prácticas para que el concepto funcione que una se pregunta si la misma lógica del olvido que se denuncia en este libro se pone en marcha por el bien del discurso.


Con esto quiero llegar a que si tenemos en cuenta la tendencia hacia la homogeneización de las prácticas culturales en su encuentro con el mercado que ya preconizaran Adorno y Horkheimer, si asumimos la fuerza rasante que provocan los procesos de globalización en la cultura contemporánea y si ignoramos todas las peculiaridades o prácticas que diferencian el contexto cultural español de otros contextos, efectivamente tendremos frente a nosotros un campo cultural homogéneo, apolítico y aproblemático. De esta manera en el libro desaparecen o tan sólo aparecen mencionadas de forma puntual las prácticas culturales más políticas o disidentes que han acontecido en el Estado español lo que sin duda beneficia la tesis que vertebra toda la obra. En ocasiones vemos que los argumentos que se utilizan para deslegitimar o minimizar el impacto de ciertas escenas son, cuando no demagógicos, bastante inconsistentes, como cuando se pretende neutralizar el denominado “rock radical vasco” argumentando que algunos de los grupos que lo integran son socios de la SGAE. En cambio no se estudia su relación con el separatismo vasco, con los gaztetxes y centros sociales ocupados, con la red de sellos discográficos independientes que nace para editar y distribuir la música, su papel como motor de otras escenas musicales (como el harcore catalán) o en la normalización de la música cantada en euskera.

 
Entiendo el hype que acompaña acuñar un término nuevo y cómo puede servir para diferenciar viejas teorías o ideas de las nuevas que se pretende introducir, pero en este caso, me cuesta mucho entender que diferencia la CT de lo que hasta ahora llamábamos “transición”. Esta categoría, que facilitaba el análisis de transformaciones políticas, sociales, formas de consumo, de organización social o movimientos demográficos, permitía un análisis situado de los procesos culturales que acontecían en este nuevo contexto. Analizar la cultura aislándola del proceso político y social en el que acontece puede dar pie a pensar que verdaderamente El País o TVE son figuras determinantes en el devenir cultural de los últimos 35 años (en detrimento de analizar las repercusiones de políticas públicas locales, nacionales y a europeas, el papel de sellos discográficos, productoras y distribuidoras, las manifestaciones culturales que nacen con la llegada de la inmigración, el papel que tienen nuevas drogas en la configuración de escenas culturales, la aparición de las televisiones regionales, el establecimiento del mercado cultural iberoamericano, etc.).

 
La CT parece no tener un arraigo geográfico, hace de la cultura del Estado español un elemento homogéneo. Las ciudades desaparecen del libro así cómo las infraestructuras (museos, teatros, auditorios, televisiones, etc.) que han sido distribuidos de una forma centralizada y desigual por el territorio. Tampoco se estudia el impacto del turismo en la formación y desarrollo de manifestaciones culturales, o los nuevos mercados que se emergen fruto de la masificación de ciertas rutas culturales. La ausencia de una economía política de la cultura nos obliga a fijarnos en los aspectos formales de la misma, tan sólo podemos criticarla por sus rasgos epidérmicos. ¿Se pueden estudiar formalmente fenómenos cómo el efecto Guggenheim de Bilbao, la multitud de festivales musicales de Barcelona, la repercusión de la Semana Santa de Sevilla o el papel del eje Prado-Recoletos de Madrid? Creo que no, pese a que nos podemos conformar con argumentar que la cultura se banaliza.

 
Una echa de menos un análisis detallado del entramado de políticas culturales que han ayudado a moldear ciertas manifestaciones culturales desde la transición. ¿En qué modelos se inspiran las instituciones y políticas desarrolladas? ¿Qué papel y cómo se integran las políticas de origen franquista en la transición?¿Cómo afectan los programas marco de la cultura europea la configuración cultural nacional? ¿Qué tipo de mercado cultural se promueve y cómo se desarrolla? ¿Cómo se diseñan y en qué se inspiran los planes estratégicos de la cultura de las diferentes ciudades?¿Qué papel tiene la agenda XXI en el modelado de políticas culturales locales? Esta realidad permanece completamente olvidada en el libro cosa que favorece que no se puede pensar en cómo cambiar o qué mecanismos permitirían un cambio en ciertas dinámicas culturales.

 
Se critica cierto clientelismo y de forma recurrente la figura del artista subvencionado (desde esta la postura neoliberal que tanto ha arraigado en el que demonizar lo público se convierte en una suerte de desafío generacional), pero en ningún momento se estudia el nacimiento de las ayudas públicas a la cultura. Lamentablemente las críticas al clientelismo no se sustentan con datos, un breve paseo por las ayudas concedidas por entidades como el AECID, CONCA o entidades parecidas nos ayudaría a poner en crisis que las ayudas públicas tan sólo benefician a Ana Belén, a Serrat, a la Fura dels Baus o a Sabina, o a los “artistas del régimen”. Es más, un estudio más detallado de las políticas de distribución de fondos públicos en el ámbito cultural posiblemente demostrarían la tesis, argumentada de sobras por Jorge Luis Marzo y Tere Badía, que en el Estado español se ha tendido a promocionar a artistas de corte “político” con el objetivo de neutralizar sus prácticas. No se pueden criticar las subvenciones sin entender los modelos de política sobre las que se sustentan, no se puede criticar un problema sin entender la coyuntura que lo propicia.

 

Por último me gustaría preguntarme si es posible realizar un análisis de las prácticas culturales que acontecen en el Estado español sin tener que escudarse en cierta superioridad estética. Una idea que recorre el libro de fondo es que existe un Cultura deseable, una verdadera cultura, a la que nunca se ha llegado puesto que la CT se ha interpuesto o la ha bloqueado. En lugar de valorizar aquello que existe o ha existido y que diferencia el contexto nacional de muchos otros, se aspira a un ideal de Cultura que no ha acontecido. Con esto no quiero negar la posibilidad que se produzca crítica cultural, ni mucho menos, pero analizar la cultura teniendo en cuenta las condiciones materiales que la han propiciado, los diferencias y anomalías que la caracterizan, o los marcos políticos que la regulan, permitiría realizar una crítica que no redundara en lo moral (es que en España hemos tenido que aguantar a Jarcha o Víctor Manuel) sino en lo situado o lo contextual. Sin duda la crítica y el análisis cultural escasea en el Estado español, es por ello que todas las iniciativas o intentos de hacerlo deben ser bienvenidas, pero necesitamos ser más rigurosos si no queremos terminar haciendo lo que denunciamos, textos simpáticos, autocomplacientes y formalistas.

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35 Responses to Comentario sobre el libro “CT o la cultura de la transición”

  1. Luis says:

    Efectivamente, creo que lo mejor de el libro es que queda mucho por desarrollar al rededor del concepto de Guillem Martínez, mucho de lo cual, creo , no se circunscribe a esta acepción de cultura con la que nació y a la que tú te refieres (espero ahora la explicación que Rubén Martínez ha prometido en twitter jeje)

    Me parece que el instrumento viene hace ya tiempo criticando ese concepto más amplio de cultura como atmósfera que todo lo envuelve y determina el funcionamiento de nuestra sociedad. El libro, por su estructura fragmentaria, deja pincelada aquí, y pincelada allá, con partes muy interesantes y otras menos (en mi opinión).

    Yo echo de menos incardinar más lo político, lo social, la política cultural también, y sobre todo, una explicación de cómo este magma invisible determina muchas esferas, incluidas las cotidianas (creo que la desproblematización de la CT es un filón en este sentido) Me parece que esta aventura la tiene que emprender el propio Martínez.

    • admin says:

      Luis. estoy de acuerdo contigo, el libro abre cuestiones y conceptos muy interesantes, creo que nos toca intentar afinarlos y desarrollarlos entre todos.

      A mi me cuesta entender cúal es la noción de cultura que se usa, puesto que si bien es verdad que en ocasiones se utiliza la CT como una suerte de noción de “hegemonía cultural”, después se ponen siempre como ejemplos casos culturales muy concretos (grupos, libros, autores, etc.).

      Estoy de acuerdo contigo que hace falta desarrollar esta visión más ecosistémica de la cultura, o como indico, hacer una economía política de la cultura, para entender la validez o no del concepto y salir del atolladero de críticas formalistas de la cultura.

      • Luis says:

        Básicamente de acuerdo, yo también aprecio que en el libro se va de un concepto al otro de cultura de manera un tanto indiferenciada y que los ejemplos culturales pesan más

  2. David says:

    Aquí David, autor de uno de los capítulos, contesto así rápidamente a algunas cuestiones que ha apuntado Jaron. Empecemos.

    “En ocasiones vemos que los argumentos que se utilizan para deslegitimar o minimizar el impacto de ciertas escenas son, cuando no demagógicos, bastante inconsistentes, como cuando se pretende neutralizar el denominado “rock radical vasco” argumentando que algunos de los grupos que lo integran son socios de la SGAE. En cambio no se estudia su relación con el separatismo vasco, con los gaztetxes y centros sociales ocupados, con la red de sellos discográficos independientes que nace para editar y distribuir la música, su papel como motor de otras escenas musicales (como el harcore catalán) o en la normalización de la música cantada en euskera”.

    Bueno, para empezar Belén Gopegui y yo decimos cosas muy distintas del RRV en el mismo lo libro, eso tenías que haberlo reflejado…

    Lo que planteo en el capítulo -por cuestión de espacio, muy telegráficamente- es que la CT fomenta en gran medida un entramado industria-SGAE que opera como una depuradora ideológica. Independientemente de ideologías y relaciones con el nacionalismo de turno, los grupos y artistas del sonido cañorroto, el RRV, los nuevos flamencos o el rock bravú firmaban exactamente el mismo tipo de contratos editoriales y discográficos, y todos estaban en la SGAE (o bueno, el 100% de los grupos de cualquier estilo y el 99% del RRV o hardcore catalán).

    Parte del RRV (no todo, recordemos a Eskorbuto y su “A la mierda el País Vasco) tenía relación con la izquierda abertzale, y Los Secretos tocaron en mítines de Alianza Popular. Y Subterranean Kids fueron una rara avis en el panorama y montaron una escena a imagen y semejanza de la de los gaztexes en EH. ¿Y? quien realmente removió la CT fueron Loquillo y Alaska: el primero tocó temas tabú desde un ámbito inesperado, no desde el fantasmeo y la casi autoparodia “revolucionaria” del RRV (“despierta, dispara, un gringo, en tu casa…” genera muchos derechos de autor), y la segunda porque destapó un entramado que se ha mantenido casi intacto desde el franquismo, y de ahí la furibunda reacción de la industria. El entrar en localismos y particularidades de las nacionalidades históricas no cambiaría lo sustancial de mi tesis: nada verdaderamente relevante huyó del entramado que propició la CT, y cuando alguien intentó levantar la cabeza, se la cortaron.

    “La ausencia de una economía política de la cultura nos obliga a fijarnos en los aspectos formales de la misma, tan sólo podemos criticarla por sus rasgos epidérmicos”

    De nuevo, en mi capítulo por lo menos no es así. Explico como uno de los pilares del entramado industria-SGAE es lo que algunos han caracterizado como capital ficticio (y correlacionándolo con cosas como la especulación inmobiliaria). Hablo de que por desgracia existe una visión hegemónica de la propiedad intelectual totalmente especulativa, y una gestión de derechos de autor diseñada para que se retroalimentase: derechos de autor sólo para los autores más rentables y/o menos molestos. De hecho, la modificación en la LPI españoa en los 80 se hizo en el marco de la convergencia con europa, pero eso no entró (tampoco) por razones de espacio. La implementación de un sistema de derechos de autor de corte clientelar explica los silencios ensordecedores del 99% de las y los autores de este país con el escándalo de la SGAE: todos son socios de ésta y todos tienen los derechos de autor adelantados, y unos cuantos (muchos) han estado en Juntas Directivas de la SGAE auspiciados por Teddy Bautista. Hay beneficios directos o indirectos en torno a todo el laberinto societario de las entidades de gestiçon siempre que no cuestionen ni los tabúes de la CT ni el propio entramado. Haced como en The Wire, “follow the money”.

    ¿En qué modelos se inspiran las instituciones y políticas desarrolladas? ¿Qué papel y cómo se integran las políticas de origen franquista en la transición?

    Han criticado muy capítulo porque comenzaba “demasiado atrás”, y lo hice precisamente para explicar que el funcionamiento de la SGAE no es un invento de la UCD o el PSOE: viene del propio Sindicato Vertial, del Sindicato Nacional del Espectáculo, y creo que detallo bastante la salida de la SGAE de éste y de como empieza a operar en esta/nuestra democracia. ¿¡Te has leído enteto mi capítulo!? Te has quedado con cosas absolutamente laterales y anecdóticas, como lo del RRV…

    ”Se critica cierto clientelismo y de forma recurrente la figura del artista subvencionado (desde esta la postura neoliberal que tanto ha arraigado en el que demonizar lo público se convierte en una suerte de desafío generacional), pero en ningún momento se estudia el nacimiento de las ayudas públicas a la cultura”

    Ayudas públicas y no públicas: gira pagada a fondo perdido por la SGAE a Negu Gorriak por las Américas, cuñaoooooooooooooooooooo.

    ”En lugar de valorizar aquello que existe o ha existido y que diferencia el contexto nacional de muchos otros, se aspira a un ideal de Cultura que no ha acontecido”

    De eso va el libro: hablar de por qué la CT no ha dejado que determinado tipo de cultura acontezca.

    A releer como mínimo mi capítulo, por favor.

    • admin says:

      Buenas David,
      Gracias por los comentarios! Como ya digo, el libro incluye muchas aportaciones y autores diferentes, por lo cual he intentado lanzar reflexiones sobre asuntos que se repiten o ideas fuerza que atraviesan los diferentes capítulos. No he intentado hacer un comentario de todos los capítulos, de sus pormenores o de las contradicciones que se dan entre ellos, que como bien indicas hay. Comentas:

      “Lo que planteo en el capítulo -por cuestión de espacio, muy telegráficamente- es que la CT fomenta en gran medida un entramado industria-SGAE que opera como una depuradora ideológica. Independientemente de ideologías y relaciones con el nacionalismo de turno, los grupos y artistas del sonido cañorroto, el RRV, los nuevos flamencos o el rock bravú firmaban exactamente el mismo tipo de contratos editoriales y discográficos, y todos estaban en la SGAE (o bueno, el 100% de los grupos de cualquier estilo y el 99% del RRV o hardcore catalán)”.

      Realmente me cuesta entender ver cómo relaciones el hecho que muchos grupos hayan firmado contratos con la SGAE y que eso haga que su propuesta sea interpretable como CT. Es decir, creo que si bien es verdad que es un elemento importante, cómo interpretación no sirve si de forma simultánea no estudiamos las diferentes políticas culturales (que favorecieron de forma clara fenómenos como el rock catalán o la identificación del flamenco con Andalucía), y el tipo de industrias culturales que se han desarrollado en el Estado español (con su cronismo, relación con los partidos que han gobernado en diferentes comunidades, etc.). Por otra parte es necesario tener en cuenta dos aspectos igualmente importantes, la producción del mercado musical latino-americano (propiciado por la SGAE pero también por grandes grupos empresariales como PRISA, etc.) y los contextos musicales que han surgido fruto de los movimientos migratorios y que cómo bien sabes, no tienen relación alguna con entidades de gestión colectiva.

      “El entrar en localismos y particularidades de las nacionalidades históricas no cambiaría lo sustancial de mi tesis: nada verdaderamente relevante huyó del entramado que propició la CT, y cuando alguien intentó levantar la cabeza, se la cortaron”.

      Precisamente lo que me gustaría entender mejor es qué es el entramado CT, puesto que cuesta entender si es un modelo de “hegemonía” a la Gramsci o si es un modelo político-social controlados por unos pocos que determinan desde sus despachos cómo ha de ser la producción cultural que acontece en el Estado español. Entrar en localismos, peculiaridades, anomalías y diferencias es lo que puede ayudarnos a distinguir lo que llamáis CT de cualquier otro proceso de homogeneización de la cultura debida al impacto del mercado.

      “-La ausencia de una economía política de la cultura nos obliga a fijarnos en los aspectos formales de la misma, tan sólo podemos criticarla por sus rasgos epidérmicos”

      “De nuevo, en mi capítulo por lo menos no es así”

      David, reitero, los comentarios no son a capítulos en concreto sino al libro en general, que como tendrás que reconocer adolece de análisis de este tipo.

      “¿En qué modelos se inspiran las instituciones y políticas desarrolladas? ¿Qué papel y cómo se integran las políticas de origen franquista en la transición?”

      “Han criticado muy capítulo porque comenzaba “demasiado atrás”, y lo hice precisamente para explicar que el funcionamiento de la SGAE no es un invento de la UCD o el PSOE: viene del propio Sindicato Vertial, del Sindicato Nacional del Espectáculo, y creo que detallo bastante la salida de la SGAE de éste y de como empieza a operar en esta/nuestra democracia. ¿¡Te has leído enteto mi capítulo!? Te has quedado con cosas absolutamente laterales y anecdóticas, como lo del RRV…”

      Si David, me lo he leído entero, sobre todo porque sabría que serías de los primeros en contestarme 😉 En otro lugar Guillem Martinez dice de forma explícita (y de forma implícita en el libro) “la CT (…) es la cultura española actual, que no debe nada a la Guerra Civil y que lo debe todo a la Transición.” Estoy completamente en desacuerdo con esta idea. No podemos entender la cultura contemporánea en el Estado español si no entendemos que había sido secuestrada por una dictadura que impidió el desarrollo normal de los diferentes contextos culturales. No pensar que vivimos las consecuencias de la dictadura y pensar que sólo somos hijos de la transición es lo que me parece realmente preocupante. Seguramente un estudio más exhaustivo de los orígenes de instituciones, modelos de gestión, etc. durante la dictadura nos daría muchas sorpresas y sustos. De la misma forma que has historizado la SGAE o en su momento JL Marzo el SEACEX, podríamos realizar este ejercicio con otros organismos.

      “Se critica cierto clientelismo y de forma recurrente la figura del artista subvencionado (desde esta la postura neoliberal que tanto ha arraigado en el que demonizar lo público se convierte en una suerte de desafío generacional), pero en ningún momento se estudia el nacimiento de las ayudas públicas a la cultura”

      “Ayudas públicas y no públicas: gira pagada a fondo perdido por la SGAE a Negu Gorriak por las Américas, cuñaoooooooooooooooooooo.”

      ¿Y? Es decir, además de ser anecdótico ¿nos ayuda a explicar el legado de Negu en Euskadi?

      “En lugar de valorizar aquello que existe o ha existido y que diferencia el contexto nacional de muchos otros, se aspira a un ideal de Cultura que no ha acontecido”

      “De eso va el libro: hablar de por qué la CT no ha dejado que determinado tipo de cultura acontezca”

      Creo que hacer un análisis cultural desde la perspectiva de lo que me gustaría que la cultura fuera es una metodología peligrosa y no sé hasta qué punto puede ser útil. No hace más que reforzar ciertos sentimientos de inferioridad por un lado y una supuesta autoridad moral de “yo puedo criticar porque sé cómo debería ser la verdadera cultura”. En fin, que como metodología no me interesa en absoluto.

      “A releer como mínimo mi capítulo, por favor.”

      Lo siento David, no me lo voy a releer, sino tus compis se pondrían celosos, y no quiero que eso pase 😉

      • David says:

        Precisamente lo que me gustaría entender mejor es qué es el entramado CT, puesto que cuesta entender si es un modelo de “hegemonía” a la Gramsci o si es un modelo político-social controlados por unos pocos que determinan desde sus despachos cómo ha de ser la producción cultural que acontece en el Estado español.

        Pues ni una cosa ni la otra, no hablamos de superestructura ni de conspiraciones, de ahí el palabro CT.

        La CT no es una cosmovisión que explique los Premios Planeta, el Guggenheim de Bilbao, la Ruta del Bakalao o el porno de Torbe de manera completa y satisfactoria.

        Con la CT planteamos un marco general en el que cobra sentido la indigencia política (real o impostada) del mundo cultural en este país, al hablar de productos (culturales) como literatura, música o cine, indigencia cultural que (pensamos) no tiene paralelismos con los países de nuestro entorno.

        Y sí, las personas que participamos en el libro realizamos planteamientos equívocos, contradictorios e incluso metidos con calzador, pero es un libro colectivo tratando temas muy amplios y en muy poco espacio.

        Para finalizar, la CT evidentemente no sirve para explicar la gentrificación ni el nacimiento de las ciudades marca. O las políticas culturales y/o de inmersión linguística del PNV o CiU. O el éxito de Operación Triunfo y Gran Hermano.

        Sirve para explicar los barrotes culturales existentes en las industrias culturales, donde, como plantea el padre de la criaturita: “solo es posible escribir determinadas novelas, discursos, artículos, canciones, programas, películas, declaraciones, sin salirse de la página”.

        El delimitar esos barrotes y lo que subyace a ellos creo que el libro lo describe de manera satisfactoria, con distintos niveles de sofisticación conceptual y discursiva.

        Por cierto, si no te aclaro las cosas, en esta multi-entrevista (¡del 2007!) creo que se responde a todas y cada una de tus preguntas, mira tú que cosas…

        http://www.ladinamo.org/ldnm/articulo.php?numero=26&id=659

        Saludos

    • Jordi says:

      Hola! Yo no me he leido el libro todavía, pero si que he seguido el concepto con interés. Y no entiendo, David, esta referencia que haces a Loquillo y Alaska como propuestas que removieron la CT. Sin estar “en el ajo” hubiera dicho todo lo contrario. En la medida que entiendo algo del concepto hubiera dicho que ellos son ejemplos de lo que señaláis. Su propuesta sirvió para consolidar la idea “¿veis? se puede decir y hacer de todo” y tapar los límites de lo que no se podía decir, que existían. Precisamente con la movida se consolidó la idea de que ya no era necesario que la cultura estuviera politizada y se afeó como retro todo lo que intentara mantener este vínculo. Vaya que si la movida no fue CT entonces no entiendo nada.

  3. Helena says:

    A mí el libro me parece pura CT. ¿Cómo se explica que muchos de los autores que denuncian esa cultura de la desproblematización vivan de esa cultura en los suplementos culturales de PRISA y CIU que consideran ellos como el templo de la CT y vanaglorien festivales de música y centros culturales en los que ocasionalmente participan y que son totalmente difusores? ¿Cómo se explica que algunos hasta participen en másteres y cursos de esos conglomerados? ¿No son las críticas de Jordi Costa y su rollo de tonterías made in Youtube en La Nube igual de indoloras e inanes que la mayoría de la CT? ¿De qué se trata pues? ¿De una lucha de territorios más donde enrocamos egos y todo sigue igual? ¿No es Pablo Muñoz una nueva variante de CT junto con Luna Miguel y demás? ¿No sería menester acotar más el concepto de cultura y la clásica critica cultural de la sociedad de masas? ¿Acaso los libros no políticos o sociales no pueden alcanzar el rango de cultura? Existe un tufillo elitista y exculpatorio en el libro que resulta indignante. Como eso de citarse entre amigos a cada página. Pura autocomplacencia, pura hipocresía y puro discurso rebelde impostado. Una cosa es el fraude de la transición y otra la conspiranoia de pensar que todo está pactado o existe autocensura. Me temo que el problema va más allá de premios amañados y suplementos de amigos. ¿Acaso no escribe Guillem Martinez en El País lo que le da la gana? Boris Izaguirre también escribe y critica lo que le da la gana. Y Juan Cruz. Y Serrat. El problema no es la falta de crítica sino que la gente de la cultura ha dilapido su capital y ahora un grupúsculo de amigos modernos sacan este libro para eximirse de toda culpa. Sí, claro, algunos llevan más de 20 años viviendo de ello y la culpa es de la transición, pero yo tengo que comer y publico para mi ego y encima me invento molinos de viento. La mayoría de participantes de este libro se han prostituido, ellos y a la cultura que dicen representar.

  4. Marc says:

    Gran aportación Jaron, mil gracias!

    A mi el libro me divirtió mucho y me hizo sentir acompañado por las muchas sensaciones compartidas que transmite. Repito: sensaciones. Otra cosa es el argumentario y el nivel de profundidad, conocimiento y amplitud de miras de todos los temas de los que habla, que son muchos y que en un solo libro de estas características (poliédrico, caótico y breve porque sí) es imposible de abarcar y acertar, y más desde el plano en que tu normalmente piensas y trabajas, que no es la periodística precisamente. Y creo precisamente que el problema de choque con tu posición de currante y estudioso de la cultura (más “profesional” si me permites, como la de Marzo, amén) parte del nivel de partida del concepto en sí y de la mayoría de colaboradores: el periodismo (con Guillem Martínez a la cabeza, claro, y con tantos otros “outsiders” que colaboran en medios que nacen, ¡oh no!, en la Transición, y aquí también incluyo al bueno de Amador Fernández-Savater, aunque sea por el sensacional simbolismo de ser el “hijo de”), con su tono y su vocación colectiva agitadora, gamberra y “espectacular”, buscando la complicidad generacional y apelando a la cultura de masas (para su comprensión?) y no al lenguaje académico y específico que tu tan bien dominas.

    No sentará cátedra, pero como agitador y generador de debate para mí ya está más que bien, y a las pruebas me remito. Tengo amigos que tenían esas “sensaciones” y al leer el libro han encontrado al menos un hilo conductor para comprenderlas y darles algo de forma, más allá de la indignación del “megustismo” a golpe de click, y eso ya es mucho, no?

    En fin, que siga el debate y sobretodo que sigan las aportaciones críticas y severas!

  5. David says:

    Para los de la LOGSE: el cierre de “Carne Cruda” ES PURA CT

    • Pedro Jiménez says:

      ¿Y ese lugar común sobre la LOGSE es también CT? Lo digo porque estudié en los primeros años de la LOGSE y no sé si tengo que sentirme insultado. Lo que sí sé es que sobre Educación no se habla nada en el libro… cosa que supongo tendrá que quedar en esa segunda etapa. A mi el libro me ha gustado, la crítica de Jaron es pertinente y los argumentos del “y tú más” totalmente innecesarios.

      Lectura recomendada sobre la LOGSE: http://elblogdejuanjo.wordpress.com/2009/02/11/la-pedagogia-no-tiene-la-culpa/

  6. Karim Sambá says:

    Esto… ¿`Alaska y Mario’ también es “ambivalencia” CT?

    • David says:

      Mario Vaquerizo también es un personaje ambivalente en lo que respecta a la CT, le despidieron de la COPE por… OH WAIT!!!

  7. David says:

    Otro impagable ejemplo de la CT en acción: Memoria histórica y postfranquismo Reseña: «Causa 661/52. La insolencia del condenado» (Falconetti Peña, 2009) / Pedro A. García Bilbao

    […] Lo relató el propio F. Peña: en la copia final se incluyeron las imágenes de la Fiesta de la Toma y, finalmente, «acabo el montaje y lo mando a Sevilla, y la productora lo ve y pone el grito en el cielo; me dice que no viene a cuento, directamente, y que estéticamente no tiene interés y les digo que no tendrá interés para ellos pero para mi sí». La oposición al documental fue frontal. Añade Peña: «Durante meses, el autor montó, desmontó, cortó, pegó, conspiró y amenazó buscando una salida y al final se quedó sin documental». ¿Motivos? Tardó en descubrirlo. Sigue el director con la narración del boicot sufrido: «Y cuando pasa a Canal [—nombre velado con un pitido—] ya la cosa se pone aún más fea (…) me dicen que vaya limpiando el asunto y yo no me explico porqué. A ver ¿Por qué? Hasta que un amigo viendo conmigo el montaje, me dice [que] es que uno de los personajes que más has retratado en [tus imágenes de] la toma, uno de los personajes centrales, es precisamente un alto cargo del PSOE. Y yo no lo sabía».

    El resultado fue el embargo del documental original. Peña no se rindió, logró rescatar legalmente parte del material filmado y junto con imágenes extra y un nuevo guión y montaje, le dio la vuelta a la situación y consiguió acabar y estrenar una nueva obra, titulada «Causa 661/52. La insolencia del condenado».

    Causa 661/52 fue el nombre judicial del proceso al comandante guerrillero Ricardo Beneyto y sus compañeros. Detenido en 1947, Beneyto logró ocultar su verdadera identidad durante años, siendo procesado por otros cargos. En 1956, finalmente, la delación de un traidor que creyó con ella poder salvar su propia vida, le llevó ante un piquete de ejecución. Beneyto cayó dando un viva al partido comunista, en un extraordinario ejemplo de honradez y dignidad antifascista. […]

    http://dedona.wordpress.com/2012/08/09/memoria-historica-y-postfranquismo-resena-causa-66152-la-insolencia-del-condenado-falconetti-pena-2009-pedro-a-garcia-bilbao/

  8. Hace menos de un mes que he leído CT o la cultura de la Transición y me ha resultado lo suficientemente estimulante para hacer una pequeña reseña en mi blog. La discusión abierta aquí me parece muy interesante. He visto en Youtube el documental que cita David y me ha parecido magnífico. No me considero en condiciones de hacer una crítica al nivel de la entrada y los comentarios pero quiero dejar constancia de mi interés por el intento de salir de ese marco ya rancio de la Transición que esconde tantas cosas.

  9. Lo primero, disculpas a Luis de @eltransito (el primero en responder a esta línea de comentarios) a quien prometí explicar lo que le insinuaba por twitter y me esfumé.

    Añado tres referencias con comentarios que creo que, bajo mi punto de vista, sitúan algunas carencias que hay en la estructura y en la tesis del libro.

    1) La cultura como recurso

    Creo que es útil tener en cuenta lo que George Yúdice comenta en el libro “el recurso de la cultura”. Su tesis básica es que, en plena globalización, la cultura se entiende como un pretexto para crear una identidad cultural, incrementar la cohesión social, solucionar conflictos diplomáticos, fomentar un modelo económico, etc. Es decir, la cultura es un recurso que se usa para optimizar ciertas formas de gobierno; funciona como acicate para estrategias ideológicas (el neoliberalismo controla mucho esta noción). En definitiva, se priman aquellas expresiones y acciones culturales que funcionen en busca de ciertos objetivo políticos y se van a filtrar y resignificar aquellas que no lo hagan.

    Esto no solo tiene que ver con las políticas culturales, sino con un conjunto de programas y acciones (POLICY) que afectan a las estructuras e instituciones (POLITY) y a las conductas y modos de hacer (POLITICS). Es ahí donde primar un tipo de cultura –un tipo de conductas, modos de hacer, producciones culturales, iconos, lenguajes, etc.– funciona como forma de gobierno, como estrategia para crear consensos y difuminar disensos. Yúdice habla de estos fenómenos (convertir la cultura en recurso) como algo que va emergiendo a nivel global a finales de los 80s y que tiene su punta de lanza en los 90s, algo que se diseña por organismos supra-estatales como UE, OECD, UNESCO y el Banco Mundial. Profundizar en analizar la necesidad que ha caracterizado al Estado español para adaptarse a códigos europeos y globales (aunque lo haya hecho de manera más o menos chapucera) sería muy interesante y revelador. Algo paralelo al ejercicio que hace Isidro López en su artículo para CT, pero que se difumina en el resto del libro. Este tipo de análisis, menos sectorial y más centrado en entender las estrategias locales y globales así como las estructuras y élites que movilizan un tipo u otro de cultura, es el que hecho a faltar en CT.

    2) Estado Cultural

    Hay bastante literatura que habla del papel centralista del Estado a la hora de controlar unas formas de cultura. Hay un libro bien interesante y que viene bastante al caso: “El Estado Cultural” de Marc Fumaroli. Este autor francés hace una crítica brutal sobre quien él considera el diseñador de una forma de ideologizar las prácticas artísticas y culturales en Francia: André Malraux. Malraux, ni más ni menos que el “inventor” junto a De Gaulle del modelo “Ministerio de Cultura”, modelo que España ha reproducido de manera bastante peculiar. Con esa crítica de Fumaroli nos metemos en la epopeya de “más estado” frente a “menos estado” pensando que la primera opción es poder y control vertical sobre ciertos modos de hacer y la segunda es la libertad. Todo esto, sin duda, es mucho más complejo y no se puede uno ventilar la idea insinuando que un Estado intervencionista es básicamente un monstruo que elimina a las minorías o destruye la disidencia (que es justo lo que hace Fumaroli). No es que eso sea falso o verdadero, es más bien confuso y, además, no tiene en cuenta las reglas del espacio donde se cree aparecerá una nueva cultura: el mercado capitalista. Una vez más, vemos que no estamos frente a un fenómeno “singular” o “típicamente español” y que hay que observar fuera de lo que se considera tradicionalmente “El Estado”.

    3) Modelos hegemónicos de cultura; modelos hegemónicos de mercado

    Sobre primar una cultura sobre otra y su relación con un modelo político y económico específico hay otra visión fundamental. David Harvey, geógrafo marxista, habla sobre cómo la creación de un imaginario específico en un entorno metropolitano genera rentas de monopolio para ciertos sectores económicos y elites urbanas. En el artículo “El arte de la renta”, Harvey explica de manera muy ilustrativa cómo la creación de las llamadas “ciudades creativas” homogeiniza las formas de disidencia social y cultural en beneficio de una marca urbana. Esta forma de sistematizar la cultura en un entorno metropolitano beneficia claramente a ciertas élites urbanas que son capaces de controlar el espacio en el que se puede capitalizar la marca, hasta ahora: sector inmobiliario, sector turístico, capital financiero. De la “cultura” que habla Harvey son tanto prácticas culturales o artísticas como expresiones sociales o formas de disidencia urbana. Y aquí hay un tema interesante: la producción de diferencia es algo esencial para un modelo de ciudad que vive de atraer capitales y turismo y (como señala Jaron) no es que se intente censurar o prohibir unas formas de cultura u otra, más bien lo contrario, lo que se busca es promoverlas, controlarlas, institucionalizarlas y, finalmente, extraerles su carácter político para convertirlas en un valor añadido para la marca urbana. Una vez más, una forma de gobierno y explotación de la disidencia que no se basa solo en un control lineal y vertical (prohibir, censurar, aplacar) sino en hacer de lo diferente algo exótico, hacer de la marginación, cosmopolitismo, hacer de la disensión un atractivo turístico. Esto es algo que en España se ha dado por doquier; el listado de ciudades que han buscado proyectarse como capital cultura o ciudad creativa es interminable.

    Se podría matizar más, pero esto ya es demasiado largo. En definitiva, el libro CT me parece interesante y necesario, pero para mejorar la herramienta, creo que pensar una estructura analítica que dialogue con estos puntos (muy conectados entre sí) sería interesante.

    • David says:

      Viendo lo que planteais, está claro que Jaron y/o tú teniais que haber escrito al menos un capítulo sobre economía política de la cultura… hubiese quedado un libro mucho más redondo. Pero dicho esto:

      1) La cultura como recurso y los planteamientos de George Yúdice

      Veo que tengo que leer urgentemente a George Yúdice, vaya. Interesantérrimo, pero en realidad no dice nada que no se dijera en el seminal “La cultura, ese invento del gobierno”, hipercitado (precisamente por su temprana lucidez) en el libro. CT es un libro para la colección Debols!llo, por lo que creo sinceramente que el enfoque de Sánchez Ferlosio (del que somos deudores, al menos yo) es más deacuado que el Yúdice.

      2) Estado Cultural y la peculiaridad de la CT cañí.

      De Malraux a Semprún, y tiro por que me toca. Hay muchos más ejemplos, pero… ¿en UK, Francia o Alemania se dan debates como el que tuvimos aquí este mismo año por la emisión del documental “¿Monarquía o República”? http://www.publico.es/televisionygente/421824/tv3-decide-emitir-el-documental-monarquia-o-republica

      ¿En otros países ha habido algo similar a la entrada de Javier Moscoso en la SGAE y las intrincadas relaciones de las entidades de gestión y los Gobiernos de turno (ejem, si pinchais el link vereis que no fuí muy original con el título de mi capítulo)

      “[Esta relación se inicia con el que fue ministro de Presidencia y Fiscal General del Estado con Felipe González, Javier Moscoso, que aterrizó en la SGAE en 1990 como secretario general del Consejo de Administración y permaneció durante cinco años en el cargo. “Su llegada estrecha las relaciones de la institución con el PSOE y, sobre todo, impulsa la reforma de los estatutos de la Sociedad para dar plenos poderes al presidente del Consejo de Dirección, ya por entonces Teddy Bautista”, recuerda el dramaturgo y socio Fermín Cabal. Hoy Javier Moscoso, Fiscal cuando explotó el caso Gal, es un fiel aliado de Alfredo Pérez Rubalcaba, pues lidera el grupo de interlocutores del Gobierno en la negociación con ETA. […] En aquella misma época, entre 1991 y 1993, siendo Solé Tura ministro y Juan Francisco Marco director del INAEM, el subdirector general de teatro es Alfredo Carrión, recientemente jubilado pero que ha sido hasta hace poco Director del Departamento de Artes Escénicas y Musicales de la SGAE. De él ha dependido la recaudación de dramáticos en la SGAE. Carrión sustituyó con anterioridad, en 1985, a Tomás Marco como gerente de la Orquesta y Coros Nacionales (ONE). ”

      http://www.elcultural.es/noticias/ESPECIAL/1918/SGAE_el_Ministerio_de_Cultura_en_la_sombra

      Yo creo que no, hay algo análigo en Europa si alguien me lo puede desmentir con datos y ejemplos se lo agradecería.

      3) Modelos hegemónicos de cultura; modelos hegemónicos de mercado

      Por lo que a mí respecta, si hay Harvey, hay consenso 😉 Esa peculiar gestión de la disidencia de la que habla Harvey es coherente con lo que decimos de la CT: volviendo al (también hipercitado aqui) RRV, vemos que fue ignorado en medios (¿cuantas portadas del Ruta o RDL, ein?), no censurado (explícitamente al menos) y totalmente integrado en el entramado industria-SGAE.

      Un abrazo y muchas gracias por los comentarios!!!

    • Pep says:

      Sobre 2), el modelo de aquí sí está plagiado del parisino. La excepcionalidad es que el modelo nacionalista parisino no se monta para para vender un Petáin campechano o un sueldo mínimo cochambroso…
      Vamos, que no es lo mismo decir “la minifalda mola” que decir “la camisa de fuerza mola”.

      Saludos,

  10. Karim Sambá says:

    Don David Aristegui: Despacha usted al RRV y acto seguido dice que Loquillo es un agitador de la CT por su canción contra la tortura. Oiga: el RRV debe ser el subgénero musical con más canciones contra la tortura de toda la historia del rock…

    • David says:

      ¿Y por qué no se secuestró ningún disco del RRV? ¿el Goberno era tan listo que ya preveía un Efecto Streissand avant-la-lettre, o es que simplemente el impacto del RRV era en realidad tan limitado que simplemente se ignoró a esas escena, sim mayores consecuencias? pregunto.

      • Karim Sambá says:

        No recuerdo bien los encontronazos primer RRV/Estado, habría que consultarlo, pero sí que la segunda ola del RRV sufrió prohibiciones de conciertos (Muguruza, S.A) y procesos judiciales (Negu/Galindo). En cualquier caso sí creo que el RRV original fue menos político (y más jaranero) y menos abertxale (y más ácrata y nihilista) de lo que dicta el tópico

  11. Karim Sambá says:

    Aristegui 2: lo único que dijo Alaska fue que los cds eran caros y que las discográficas deberían darle más pasta, reivindicaciones clásicas de los músicos desde tiempos inmemoriales. De la piratería lo único que dice es que es un “robo”

    • David says:

      Nooooooo, Alaska dijo muchas más cosas, y de ahí la furibunda reacción de la industria vía ANELE (el amago de boicot).

      Y afortunadamente, su postura sobre la piratería (al menos entonces) era mucho más matizada que hablar simplemente de “robo”. Copio y pego, y que el populacho de este/nuestro blog juzgue 😉

      Alaska denuncia el precio abusivo de los discos compactos – Dice “no entender ni soportar el discurso policial” de la SGAE y de muchos artistas respecto a la venta ilegal de CD’s

      Olvido Gara, líder del grupo Fangoria y conocida artísticamente como Alaska, ha denunciado hoy en Valencia el precio “abusivo” de los discos compactos, pues “no es de recibo que se cobre por uno de ellos veintiún euros cuando su precio de coste es de tres”, y ha agregado que esta situación “es insostenible”.

      Alaska ha hecho estas manifestaciones en la conferencia de prensa de presentación del concierto que ofrecerá esta noche en la plaza de toros de Valencia, junto a Los Planetas y Antonia Font, con motivo de la apertura de la “Semana de Bienvenida” que ofrece la Universidad de Valencia a sus estudiantes y cuyos beneficios irán destinados a Greenpeace.

      “Discurso policial”
      Alaska dice “no entender ni soportar el discurso policial” de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) y de muchos artistas respecto a la venta ilegal de discos compactos en mercadillos o en la vía pública.

      Cuando se realiza una copia ilegal de un disco, según la cantante, “evidentemente se está robando a alguien, a un autor, que ha creado una obra original”. Ha precisado, en este sentido, que por cada copia ilegal que se vende al autor le “roban” 0,48 euros, mientras que por cada disco legal que se vende a 21 euros el autor recibe 50 céntimos de euro. Reconoce que la promoción cuesta mucho dinero, pero matiza que no es lógico que se cobren hasta dieciocho euros más por un disco cuyo precio “equilibrado”, a su juicio, estaría situado en unos nueve euros.

      También ha comentado que con Subterfuge Records -su compañía discográfica “independiente”- ha llegado a un acuerdo para que sus discos no cuesten en el mercado más de 10,8 euros.

      Poca cultura musical
      La artista ha afirmado que España es un país que “carece” de cultura musical, “donde la gente prefiere comprarse un disco mal copiado y con una foto cutre del artista en la portada a uno original donde se aprecia diseño, calidad de sonido y las letras de las canciones”.

      Ha criticado además la postura de las compañías discográficas cuando éstas argumentan que la copia y la venta ilegal de música va a acabar con ellas, ya que, en su opinión, lo que va a acabar con las discográficas es su falta de innovación, pues “van siempre por detrás de lo que ocurre en la escena musical”.

      También ha señalado que las grandes compañías discográficas no se dedican en exclusiva a la venta de discos, pues pertenecen a grandes multinacionales que además de dedicarse al negocio musical “venden armas, motores, ropa y hasta semillas transgénicas”.

      Leer más: http://www.lavanguardia.com/cultura/20021024/51262763037/alaska-denuncia-el-precio-abusivo-de-los-discos-compactos.html

  12. Karim Sambá says:

    Aristegui 3 (y ya acabo): yo veo más lo que dice Jordi: Alaska y Loquillo como presuntos subversivos que ocultan los límites de la CT. Por eso me pirra ‘Alaska y Mario’: es la esencia de la Movida sin cortinas de humo

  13. Isidro says:

    Buen debate. Hay un clásico de la politesse retórica que dice que el interés de una determinada tésis se mide por la calidad de los intercambios que genera. Así que, tanto el libro como la hipotesis se pueden considerar un éxito 😉 Si resumimos el espíritu de lo que se viene diciendo sobre el libro de la CT aquí y en las reseñas más inteligentes tenemos el siguiente veredicto: la tesis de la CT toca un nervio central de los últimos cuarenta años de historia cultural en España pero hay algo que falla en su formulación y le impide cerrarse como tésis acabada. Al “qué” es eso que falla es a lo que le estamos dando vueltas.

    En este sentido, creo que las muy inteligentes críticas de Jaron siguen sin tocar el punto central del asunto. Son buenas llamada a la profundización y la contextualización pero siguen sin ver el punto que falla en la formulación misma de la tesis CT. Por decirlo de otra manera, las observaciones de Jaron podrían ser incorporadas a una segunda fase de investigación sin volver sobre los presupuestos iniciales más que para añadir capas de matización y complejidad. Sin duda muy útiles.

    La cuestión es que, en mi opinión, si que hay un punto central de la tesis CT sobre el que hay que volver. En su comentario, Rubén lo toca de refilón. La clave está en la identificación de lo específicamente “español” o “estado-español” desde donde se construye ese bloque discursivo al que llamamos CT. Es evidente, y en este debate, ya se ha dejado caer desde distintos puntos que la formación y reproducción de consensos y, muy específicamente, de consensos de Estado desde el campo cultural no es algo que se haya inventado en la España post-1977. Aunque se han prácticado con una solvencia tan alta que merece la pena preguntarse si hay algo específicamente “español-estatal” en el asunto. En este sentido, creo que las críticas que hacen tanto Rubén como Jaron a la escala de intepretación “estatal” frente a las escalas urbanas no están del todo justificadas. Insisto, definir la “españolidad” del asunto es donde se juega la relevancia de la tesis CT.

    Y, desde luego, yo tengo la impresión de que HAY algo específicamente español en ello. También creo que encontrarlo requiere un cambio en el enfoque que tanto los autores del libro como sus críticos estamos utilizando. Por ahora, todos tenemos la tentación de construir la CT en términos formales, con unos elementos que forman parte del conjunto y unos límites definidos: “Esto es CT, esto otro no”. O planteando oposiciones formales no del todo bien acotadas tipo “La CT vs El mercado cultural”. Esta es una discusión inacabable y en gran médida estéril que ya está derivando en una especie de escolástica.

    Frente a esto, yo creo que para dar más vida útil a la tesis CT es necesario un enfoque histórico que, precisamente, identifique la formación de los contextos políticos donde toma sentido el concepto CT. Es aquí donde van a aparecer los problemas específicos y específicamente españoles, que va a resolver y sobre los que se va articular la CT. Por ejemplo, en 1977 cuando en España emerge toda la teologia del consenso democrático, las elecciones libres y la alternancia de partidos, en el resto de Europa, Francia eItalia, por concretar, las instituciones de la democracia “burguesa” llevan soportando una década de ataque. A nadie se le escapa, que la efectividad política de la CT es correlativa a la buena salud del bipartidismo amplio (ese que incluye tanto al PCE como a los nacionalismos). Pero, además, sobre esta especie de consenso electoralista tardío bastante único se va a encabalgar la reacción neoliberal creando un híbrido completamente específico que va a recubrir ideológicamente, entre otras cosas, todas las operaciones de concentración y privatización de medios de comunicación desde los que se va dar otras buenas dos décadas adicionales de vida a la CT. O, también, desde este enfoque podemos replantearnos la pregunta por los fenómenomenos culturales no-CT desde un punto de vista dinámico y en lugar de buscar “quienes” no son CT centrarnos en pensar los procesos de erosión que provocan que en apenas dos generaciones, la CT haya sido incapaz de reproducirse solventemente derivando en una oposición “generacional”.

    • Muy de acuerdo Isidro en que la punta de lanza –especificidad española– se convierte en punto de fuga –tanto en el libro como en las críticas–. Solo una precisión sobre la cuestión de la escala urbana. Aviso que no aporta gran cosa, pero no quería dejar de comentar ese aspecto y afinar alguna referencia:

      Mi intención era dar trazos gordos que tal vez pudieran aportar algo en un análisis más preciso del fenómeno poniendo énfasis en una sola cuestión: estamos frente a un proceso (CT) que hierve a nivel interno y al que se añaden peculiaridades históricas a la receta, pero cuyos condimentos y diseño principal se desarrolla externamente. Esto, en el fondo, podría ser un trazo todavía más gordo que aglutina los 3 anteriores, un trazo tipo Edding 800, así que espero se entienda.

      En ese sentido la coordenada histórica no funciona a nivel interno si no que viene empujada por la necesidad de réplica “a la española” de lo que ocurre en los supuestos órdenes del desarrollo global (entre otros, neoliberalismo). Esta necesidad de réplica y, sobre todo, necesidad de adaptación a un régimen impuesto, es lo que, de hecho, ilustra lo que hoy podemos entender como “El Estado”…cuestión que nos llevaría a uno de los puntos precisos de la ilegitmidad democrática, pero mejor no abrir más puertas. Por ejemplo –comentaba antes- la necesidad de adaptación a códigos e indicadores que desde buen inicio del periodo democrático español, se diseñan y es preciso implementar por parte del propio Estado-Administración. La “europeización” y proceso de globalización de lo que el Estado tiene que construir (una forma de entender España y de ser español) es crucial para ver la apuesta general donde las clases dominantes ganan la partida. Lo que se quiere proyectar externamente es lo que se debe cultivar (de hecho, ficcionar) a nivel interno. De ahí, una hegemonía cultural –me cuesta menos situar rápidamente la CT si la pensamos así– que tal vez en un principio disuade pero que en adelante captura y rediseña formas de disidencia. De ahí también, la idea de “cultura como recurso” para entender la “exterioridad” del fenómeno, sea a través de Yúdice y Miller o a través de Ferlosio, lo importante es que se entienda este peculiar régimen de gobierno que supera la escala estatal. Creo que, hasta aquí, más o menos, estaremos de acuerdo.

      En ese plano, tiene todo el sentido 😉 pensar en las formas de control y explotación que se da en los entornos urbanos a través de la homogenización y “normalización” en busca de crear rentas de monopolio. Habría diversos motivos para justificar esto pero hay uno que es en sí mismo caso de estudio: eso llamado Marca España. El laboratorio de ese branding se ha dado en entornos urbanos y su escalabilidad es hoy un tema que tenemos justo delante. Trabajos como el de Jorge Luis Marzo sobre la historia de organismos como SEACEX (que señalaba Jaron), detectan la ruta seguida para proyectar externamente ciertos imaginarios y dar por buenas lo que se narra como “conquistas” internas. Una estrategia de duro carácter neocolonial (actuando principalmente en latinoamérica) con reconstrucciones históricas de lo que fue, es y debe ser el Estado español. Esas estrategias son la expresión incial que permite llegar a ese “brading estatal” de la Marca España y que es alto voltaje CT. El proceso de erosión que comentas es, a mi modo de ver, paralelo y deudor de estos mecanismos de control del espacio, tanto material como simbólico.

  14. Isidro says:

    Rápidamente. No he querido decir que la investigación de lo que sucede en las escalas subestatales sea irrelevante sino que la operación central de la CT consiste en la formación de una “cultura nacional”. Las culturas nacionales, no ya en el marco del neoliberalismo sino en los cuatrocientos años de sistema-mundo capitalista, producen rejillas específicas de lectura de, entre otras cosas, las escalas transnacionales en las que el mando capitalista se muestra abiertamente. En este sentido, las legitimaciones democráticas se han contenido tradicionalmente en el marco de las culturas nacionales dejando el “there is no alternative” para la esfera transnacional. El proyecto neoliberal europeo, el que nos afecta, se construye claramente sobre esta dualidad: un espacio transnacional de mandatos económicos incontestables y unas culturas nacionales en las que se legitima “democraticamente” el arreglo de conjunto. La CT sería una de estas últimas.

    Una vez aclarado este punto, podemos preguntarnos como se declina la CT en las escalas subestatales una vez que, al menos una década después de la formación de la CT/Cultura Nacional, las ciudades toman poder de interlocución directa con la esfera transnacional como parte de sus estrategias de competitividad territorial en el marco de los ciclos inmobiliarios que dotan de sustento material a cualquier operación de fabricación cultural de consenso. Pero me temo que la respuesta a esta pregunta tiene que ser empírica, y no vamos a poder resolverla a priori.

  15. Hibai says:

    Hola,
    Uno de los debates este agosto con @tinaletina ha sido precisamente este. Yo defendía la tesis de la CT como fenómeno español, con características propias que señala Isidro en su comentario.

    Ella defeiende que, al menos en Grecia, la retórica de la transición ejemplar (con la peculiaridad de que a la Junta de los Coroneles la destronó una revuelta estudiantil), la teología del consenso y el bipartidismo (Nea Dimocratia y Pasok), la fascinación por “ser europa” (Grecia entra en la CEE 5 años antes que España), la concentración y uniformidad de los medios de comunicación, el papel de artistas como Theodorakis, etc… hacen de la CT un concepto que no tiene sino matices españoles.

  16. Andrés says:

    Hola,

    Enhorabuena por el artículo y sobre todo por el debate que ha generado; quien mantenga un blog sabe lo difícil que es conseguir esto último, y la satisfacción que produce cuando ocurre.

    Simpatizo con las palabras del breve comentario de Joaquín Luzón, que podría suscribir una a una. No me considero tampoco capaz de hacer crítica ni al artículo (al que considero cargado de argumentos) ni a los comentaristas (idem en su mayoría); me parece “bien trouvé” y una buena vuelta de tuerca decir que el libro que critica la #CT es, él mismo, un acto de #CT máximo, acaso el último.

    Pero he de decir que hace tiempo que una lectura no literaria no me hacía pensar tanto como este librito destartalado en su forma, coherencia y formato; que me ha desvelado, como alguien decía aquí arriba, cosas que intuía desde hace tiempo, pero no acababa de comprender, sobre nuestra memoria colectiva reciente; y eso, amigos, vale su precio en oro, así que enhorabuena a los autores, y especialmente a Guillem. Y destacar la aportación de Belén Gopegui, a la que, si no se me ha escapado nada, nadie menciona aquí arriba.

  17. DGA says:

    Lo que se ha dado en llamar un ZAS, EN TODA LA BOCA 😉 al hilo de “Cultura de la Transición y el Rock Radikal Vasco”

    http://info.nodo50.org/Cultura-de-la-Transicion-y-el-Rock.html

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